jueves, 26 de enero de 2017

Alejo Duran 1968 Trago gorriao


Álbum: Trago gorriao
Agrupación: N/A
Voz: Alejo Duran
Acordeón: Alejo Duran
Año: 1968
Sello: Polydor - Philips


Créditos / Información:

Foto caratula: Henry Janschitz
Grabado en el Estudio: "A" de INGESON

Carta desde San Bernardo del Viento
Eterna actualidad de Alejo Duran
Por: Juan Gossain Abdallah
San Bernardo del Viento, Mayo de 1968
"Hace apenas dos meses, durante las fiestas anuales de Lorica, volvi a tropezarme con Alejandro Duran, después de tantos años de haber perdido de vista al famoso interpreta de música vernácula. Sucedió mientras deambulaba por la plaza de la corraleja, en una de esas estupendas noches tropicales. de pronto, escuche las notas punzantes de un acordeón. Luego, la voz grave, casi ronca, que cantaba el vallenato viejo, tan viejo que se confundió en la memoria con los recuerdos siempre gratos de la infancia:

"Ese fajoncito que te di
no vayas a decir que te lo di
porque después van a decir
que por el fajón te conseguí" (1)

No me cupo, entonces, la menor duda. Nadie mas podría dominar en esa forma el instrumento y ningún otro cantante tendría aquella misma voz tan peculiar, tan personalmente suya. Era el, "El Negro Alejo", como suele auto dominarse. El rostro, oscuro, muestra ya la invasión de las arrugas que caracteriza el cruce de la barrera de los cincuenta años. Todavía, como hace dos décadas, lo acompañan sus amigos inseparables: el sombrero de anchas alas, descuidadamente torcido, enseña la frente prominente, como si fuera una calvicie arrepentida; la vestimenta kaki, que solo se cambia por blanca en las "grandes ocasiones". Y la complaciente amante que le ha regalado todos sus secretos: el acordeón con que ha visitado todos los pueblos, recorrido todos los caminos, alegrado todas las fiestas patronales. El acordeón de Duran no es un objeto, un simple y común artefacto musical: es actor y espectador de muchos años de historia. Es cofre de múltiples secretos. Es toda una extensa comarca convertida en teclas. "Su acordeón es su alma. En ella palpita el corazón de Alejo"(2)

Hoy, enhorabuena, su figura decora -con los ojos vivaces brillándole al igual que la sonrisa- las paginas de los mas importantes diarios colombianos. Ha triunfado en un certamen de la envergadura del Festival Vallenato, derrotando a mas de un cotizado contendor. Ha logrado así, por fin, que se reconozca a escala nacional lo que Alejandro Duran representa como el mas expresivo y autentico cantor de una raza y de un pueblo. Con Luis Enrique Martinez, Abel Antonio Villa, Lisandro Meza, Julio de la Ossa, Andres Landero, Cesar Castro, Calixto Ochoa, "Colacho" Mendoza, verdaderas figuras populares de la Costa Atlantica, Alejandro Duran es ya parte de nuestra historia. Que empezó hace ya mucho tiempo, cuando el vallenato se hizo engarce entre la música y la vida diaria. Es su llanto, su alegría, su queja, su gozo, sus éxitos, sus revés. El vallenato es el hombre, infinitamente humano y sensible que habita desde el Valle de Upar, pasando por el Magdalena y las Sabanas de Bolivar y Córdoba, hasta el Bajo Sinu. Es, como la espiga que crece en el campo, mitigante y prometedor, familiar y confidencial. Se multiplica, depende de lo que se sienta; de lo que con se quiere expresar. Por eso, cuando la mujer amada lo cambio por dinero, la garganta insable de Alejandro dijo: 
"Si lo que quieres es vender tu amor
yo te lo compro yo te lo compro
quizás no tenga pa comprarlo hoy
pero mañana tal vez de pronto..." (3)

Y como buen costeño, también cree en fantasmas, aparecidos, "aparatos":

"En Planeta un perro negro
tiene a la gente asustada
se camina todo el pueblo
de noche y de madrugada" (4)

De repente, cuando la tristeza se mete en el corazón como una espina de lata, cuando la melancolía invade el espíritu, el alma se contrae, el llanto amenaza con estallar en los ojos, solo queda, como único amigo fiel, el acordeón inseparable que sabe de todas las penas del hombre. Y Alejo le dedica su mas hermosa vallenato:

"Este pedazo de acordeón
ay! donde tengo el alma mia" (5)

He conocido muchas personas que se preguntan en que consiste la clave de la eterna actualidad de Duran. Es fácil: Cuando advinieron los aires antillano con sus ritmos dislocados, que nada dicen al sentimiento nuestro, muchos de los vallenateros claudicaron, doblaron las espaldas para que por encima de ellas pasara la música foránea que las gentes, mitad sorprendidas, mitad alegres, escuchaban con curiosidad. Y se valieron del legendario acordeón para hacerla parir melodías que no conocía. Pero Alejo, como el soldado fiel a la consigna impartida, sostuvo el instrumento con altanería entre las manos callosas. Su lealtad incorruptible sostuvo la vigencia del vallenato.
Atinada decisión la del jurado del concurso de Valledupar. Premiando a Alejo Duran, premian de una vez al vallenato mismo. Porque son una sola cosa. Van de la mano. y ambos pertenecen a nuestra raza, son propiedad de nuestro pueblo.

1. Alejandro Duran. "El fajoncito"
2. Antonio J. Ardila. "Del vallenato al mambo". Pag. 23
3. Alejandro Duran, "Amor comprado"
4. Alejandro Duran, "El perro negro"
5. Alejandro Duran, "Pedazo de acordeón".

 

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